Desde el hundimiento de la plataforma petrolera Deepwater Horizon, el derrame de petróleo en el Golfo de México, ocurrido el pasado mes de abril, sigue amenazando las vidas de numerosos seres vivos. Más de dos meses después del desastre ecológico, numerosos animales han muerto y los que a duras penas han coseguido salvarse, están emigrando y sufriendo los efectos devastadores de esta crisis.
Hasta ahora, las últimas cifras revelan que 783 aves, 353 tortugas marinas (en peligro de extinción) y 41 mamíferos han muerto. Estas han sido las que han podido contabilizarse, pero tomemos en cuenta que muchos de los animales que han fallecido, se hunden en el mar, dada la gran extensión afectada. De entre los que han conseguido sobrevivir, la gran mayoría están emigrando hacia Louisiana, ya que es el lugar más próximo en el que pueden protegerse y encontrar un refugio ante el trágico estado en el que se encuentra su hábitat natural. Varias especies marinas que habitan en el Golfo de México están sufriendo serias alteraciones en su corportamiento, interpretadas como una conducta de huida del derrame de petróleo, como indican los expertos. Multitudes de tiburones, tortugas, delfines y otros peces empiezan a aparecer en las playas de Florida, aguas poco profundas y cuyas condiciones no son precisamente favorables a su entorno vital, pero al menos, son aguas aptas para vivir, menos contaminadas, y donde se les hace más fácil respirar y alimentarse de forma saludable. Pero, por el contrario, una superpoblación en estas aguas pocas profundas los coloca en riesgo de muertes masivas por falta de oxígeno y presa de otros depredadores.
En el caso de la parte de la población de aves que ha sobrevivido, la gran mayoría se han visto ligeramente manchadas por el petróleo y por tanto corren un mayor riesgo, debido a que van a ser difíciles de detectar, y por tanto de tratar y ser curadas.
En el caso de la parte de la población de aves que ha sobrevivido, la gran mayoría se han visto ligeramente manchadas por el petróleo y por tanto corren un mayor riesgo, debido a que van a ser difíciles de detectar, y por tanto de tratar y ser curadas.

Además de todo esto, las especies que milagrosamente se mantienen con vida, están empezando a sufrir los efectos de la crisis. Sólo aquellos que sean capaces de reducir y controlar la situación de estrés por la que están pasando ahora, serán los que superen esta tragedia y sean recompensados con la supervivencia. Actualmente, todos ellos se están viendo atacados por un golpe de hormonas que están secretando corticosterona, la hormona del estrés, (relacionada con la regulación del metabolismo y las reacciones inmunológicas) para ayudarse a salvar la terrible situación. El problema que, una vez haya terminado todo, la prolongación de este estado de concentración de cortisona les provocará la muerte, pues esta hormona es letal si continua con la misma actividad. De ahí la importancia de la capacidad de los animales para desactivar la respuesta del estrés cuanto antes y como consecuencia, la secreción de esta hormona, pues marcará la diferencia entre la vida y la muerte. Las probabilidades de salvarse aumentarán en función de esta capacidad.



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